“Oscuras regiones de la muerte”

Sobre la lectura del Evangelio del domingo 23 de enero de 2011 quería comentar lo siguiente:

La Iglesia somos nosotros los bautizados. La Iglesia Católica es como una barca que atraviesa desde mares en calma hasta tempestades enormes que podemos considerar como “oscuras regiones de la muerte” y nosotros estamos allí también con nuestras propias vivencias, con nuestras oscuridades y sobre todo con nuestras luces, luchando por alcanzar el día sin ocaso, la vida eterna.

Nosotros somos la Iglesia, pero la fundó Cristo, garantía absoluta de santidad y salvación. Él la asiste, dirige, lidera, por lo que tener presente que no hay otro testimonio mayor que el Suyo: su vida, pasión, muerte y sobre todo, su resurrección, es un deber de fidelidad y amor. Por Él estamos en la Iglesia y la Iglesia nos dirige hacia Él con total plenitud.

En los caminos encontraremos otros testimonios, de personas que lo siguieron bien y que sin duda nos alegrará conocer, y otras que no porque erraron el camino por el pecado. Algunas se arrepentirán y comenzarán de nuevo, otras insistirán en el error… y habrá aquellos que tratarán de justificar su acción renegando de la Iglesia, como ocurre hasta hoy, conduciendo al error a muchos.

Con respecto a aquellos que se dejan arrastrar por testimonios, creo que es necesario comunicarnos la visión del que todo lo espera y afirmar que no hubo, no hay , ni habrá un testimonio mayor que el de Cristo, ni bueno y mucho menos malo. Habrán dudas, confiemos. Ningún bien ni ninguna maldad es mayor que la Verdad del Señor Jesús: “el Reino de los Cielos está cerca“. ¡Aferrémonos!

Entonces, frente a traiciones e  incongruencias que sobre la Iglesia publican los medios de comunicación, debemos considerar a Cristo y amar a la Iglesia como el bien que nos orienta con su mensaje. Seamos como los primeros apóstoles, “ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron“. Lo siguieron a Él, a Cristo que es a Quién nosotros seguimos. No seguimos a hombres, somos la Iglesia.

Que esta visión de misericordia que nos regala Dios nos colme el corazón y el espíritu y asista nuestra razón. Que nada nos separe de Él ni de su obra. Dios nos busca: “Jesús recorría toda la Galilea”; nos llama y convoca. La misericordia de Dios nos hace libres: “enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente“.

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