A pesar de todo… rezabas.

Esta vez me asustaste abuelita…
pero rezabas a pesar del miedo nuestro
y aún cuando los nervios te tenían a tí.
Sabes ser fuerte y aguerrida
como cuando joven…
ahora, abuela, con tus años sonríes,
y después de un Avemaría
y un Padrenuestro, terminas:

“… y tú Niño Dios, escúchame,
escúchame bien lo que te digo:
que sea hasta mañana…

Amén.”

¡Hasta mañana! Que sueñes con los angelitos…

¡Eres tan buena…!

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