Testigo de un milagro: Valor para ir a Dios

Hace una semana, el domingo 24 de agosto precisamente, fui testigo de cómo el ser humano se arma de valor para ir al encuentro de Dios… y cómo en el trayecto se presentan mil dudas y obstáculos y ante ellos nuevamente la presencia silente de nuestra Madre Santa María es fuente de esperanza y motivo de mayor fortaleza.

Fui testigo del dolor y testigo de la alegría.

Sólo portando en el corazón y en el alma una esperanza fuerte y constante se puede vivir esta experiencia de Reconciliación. Y luego la paz… en el alma, y en el Cielo una gran fiesta!!

Nadie se lanza a una piscina vacía. Si con la fe caminas, el Señor Jesús te llenará la piscina siempre. Para dar ese pequeño paso hay que aprender a confiar. Es sencillo, pero cuesta harto y exige radicalidad.

Sólo dar el paso es un triunfo grande. Vivamos luchando, en combate… sin hacer alardes vanos; sigamos en el día a día… sencillos, sabiéndonos débiles, pero revestidos de una armadura invencible, victoriosa, triunfante: revestidos de la fuerza de Cristo, luz de luz.

¡ÁNIMO! “Esfuérzate, pues, y ten gran valor.” El valor es consecuencia de la práctica de esa virtud que se apoya en la esperanza. “¡¡¡Si no te equivocas es porque no has hecho nada!!!” Pero ¡ánimo! Para vivir la voluntad de Dios… sea lo que sea que tengas que hacer discierne, debe ser “bueno, agradable y perfecto” (Romanos 12, 1-2).

Opta y vive siempre por ser feliz.

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