Quien es amado por el Señor con un amor de predilección (ver Jer 31,3; Mc 10,21) y está llamado a “venderlo todo” para seguirlo más de cerca (ver Mc 10,21), descubre que «todas las riquezas son nada» (Sab 7,8) en comparación con el Tesoro que ha hallado, con la Perla más valiosa que ha encontrado: «Y la preferí a cetros y tronos y en nada tuve a la riqueza en comparación de ella. Ni a la piedra más preciosa la equiparé, porque todo el oro a su lado es un puñado de arena y barro parece la plata en su presencia» (Sab 7,8-9). Así es el Señor Jesús. Por Él el elegido renuncia a todo, pues juzga «que todo es pérdida ante la sublimidad del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien perdí todas las cosas, y las tengo por basura para ganar a Cristo, y ser hallado en él» (Flp 3,8-9). Más al “venderlo todo” para seguir al Señor descubre gozoso como con Él «vienen todos los bienes juntos…
riquezas incontables» (Sab 7,11-12).
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LIMA, 29 Jul. 08 / 01:17 am (