Me pasa que he estado negándome realidades. Lo evidente se hace difuso y no concibo otra forma de ser feliz sino lo que se me cruza entre ceja y ceja, y terco persisto hasta la absoluta tontería de dejar de lado lo que más anhelo: el encuentro cotidiano con Dios Padre. Ergo, sólo consigo el naufragio. Leer el resto de esta entrada »
