Antes de dormir rogué tener un sueño… al despertar sólo tuve que dar gracias.
Estaba en el patio del colegio donde estudié la primaria. Al parecer ya muchos estaban en clase o quizá se habían ido a sus casas. El silencio en el lugar me remitía mucha calma; en el sueño yo no tenía los 34 años de hoy, era un niño de siete u ocho años con los pantalones anchos y la camisa suelta de tanto corretear.
De pronto sucedió algo que alteró la situación. Alguien había entrado para robar pero no pudo lograr su cometido y fue capturado. Las personas encargadas me llamaron para cuidar al ladrón que sentado en una silla, estaba inmovilizado con las manos atadas. Y yo allí, a su lado cuidándo que no escape.
Alguien me acompañaba, pero nunca lo ví. Y lo extraño es que el lugar donde estábamos era la capilla del colegio donde todavía hay un sagrario, donde reservan a Jesús Sacramentado. Sentía el temor de tener que cuidar a esta persona, pero sabía también que no estaba solo.
Y así desperté.
