Porque quiero la vida

 

Luna y rosas

Ultimamente me siento sólo. Y estoy así, como de pie frente al abismo en donde supuestamente luce brillante el horizonte, pero no. Es noche y todo sería oscuro, salvo por la luna que atravesando tinieblas ilumina ténue mi lugar y un rosal que hace de límite entre la vida y mi caída inminente. Quiero la vida.

Experimento la soledad y me abrumo frente a ella. Ya no la quiero. No la quiero en mí pero mis pasos me la muestran como paisajes que atravieso, como neblina y niebla que me alcanzan y yo allí inmóvil no se qué hacer; pero no la quiero aceptar. Quiero la vida.

La soledad me rodea y parece será eterna… y fría bajo cero, tantos grados como no soportaré. Entonces la tristeza se apodera del momento, me quiere absorber, moler y lanzarme al abismo de la desesperanza. Me siento triste pero resisto, me resisto… pero sus fuerzas superan mis fuerzas.

Entonces recurro a mi fuente sujeto a ese rosal. Entonces tengo de nuevo fuerzas. No me importan las espinas ni las heridas. Porque no quiero la muerte, ¡QUIERO LA VIDA! como se afirma en lo siguiente:

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