Lo absurdo de los días es que a pesar de todas las advertencias, el ser humano tiende a experimentar por propia cuenta, sin que le importe mucho la historia, ni las experiencias ajenas.
Por otro lado también y según la circunstancia, se enfrasca en el cruel ejercicio de repasar la propia vida en busca del error que ya no podrá evitar… que está allí imborrable.
Una tercera situación es la de aquel que se proyecta al futuro con grandes bríos, hacia el horizonte maravilloso y con su corazón lleno de anhelos se echa a dormir… y a descansar de nada.
Lo absurdo de todo esto es que lo primero nos conduce a una vida carente de prudencia y ausente de juicio, lo segundo a la frustración, y lo tercero al vacío de la existencia.
Cuantas veces nos esforcemos desde aquellas instancias, tantas veces fracasaremos en el intento de hallar la salida y el camino a una vida sobre la que tengamos pleno control.
Para ser verdaderamente feliz…
Una clave para ello es definitivamente el cambiar de perspectiva con respecto a la propia vida…y observar el hoy como punto de inicio, el momento preciso en el que Dios se dona íntegro.
El hoy es el punto más próximo de encuentro entre la persona humana y la persona divina: Dios, porque Él -a diferencia de nosotros- no está sujeto a la dimensión del tiempo.
Mirar el propio pasado en busca de respuestas o el futuro anhelando un cambio sin poner los medios necesarios es vano e inútil… sería absurdo.
Es en el hoy cuando tenemos acceso a su Ser Infinito… y es también el momento de iniciar la lucha por la verdadera y plena libertad personal.
El hoy y más precisamente el ahora es el momento justo, el tiempo indicado para empezar a ser feliz… no pierdas más tiempo.
