Vamos descalzos sobre cumbres y simas, sobre valles y desiertos. No será fácil, ya que nunca lo ha sido, para nadie. La meta es llegar hasta el centro mismo de la verdad, hasta el final; será el momento decisivo, allí encontraremos un velo de absoluta oscuridad que es la muerte y que debemos atravesar.
Concebidos para nacer, nacidos para seguir viviendo y en la vida, llamados a ser perfectos. ¡¿Cuánto es lo que cuesta ello?! No habrá descanso, el esfuerzo cotidiano será el descanso; y cada paso, cada trecho avanzado, la plenitud que llena el alma de certeza y alegría, y que lo anima a uno a continuar.

¿Dónde hallamos la fuerza? El corazón tiene la fuerza necesaria sólo si porta en sus latidos la confianza y la esperanza en que todo lo bien hecho con miras a ese destino, tendrá recompensa… si no permite o vence al miedo en cada paso y en cada trecho.
Iremos a pie por el camino y en alguna ocasión, por más imposible que parezca, tendremos que dar algunos de nuestros pasos sobre las aguas de un mar encrespado, bajo el viento inclemente… mar adentro… pero -aún si lo parece- nunca estaremos solos.
Algunas veces seremos deslumbrados por diversas luces artificiales que distraen y confunden, y que nos llevan hacia la falsa conciencia de uno mismo, hacia el abismo del falso valor de una vida que sólo es circunstancia, y que nos aparta del camino para deformar el concepto del destino único.
No te preocupes, siempre habrán caídas, y siempre las fuerzas sobreabundantes para levantarte, para recuperarnos de todo desvío.
Deberemos entonces ir y seguir por el camino con la mirada puesta en el horizonte, hacia el lugar desconocido y añorado, atravesando noches y días para llegar adonde el sol ya no se oculta más. Es el destino que anhelamos con la sóla intención y que perseguimos con nuestras acciones.
Con la vida atenta al destino, abiertos también a la comunidad de la que somos parte, siguiendo como un rebaño al pastor que va delante con buena dirección, despojados de los frutos y de todo lo que detiene y lo que ata… con el desapego a todo, viviremos la auténtica libertad. El camino ya ha sido construido y el costo es la vida misma.
Que nuestra vida sea esa libertad de la que nos habla la verdad, pues tras el velo de absoluta oscuridad habrá un juicio donde la libertad será la medida y sólo ella -según se haya vivido- aportará la misericordia, para volver a la Patria, al abrazo definitivo con el Padre y cuyo rostro veremos al fin.
