Te recibo con alegre ilusión… soy uno más de tantos, confiado en tu condición extiendo mis brazos hacia el cielo y sostengo con entusiasmo las ramas de olivo que conseguí para tí. Ya vienes, ya estás cerca y llegas a cambiarlo todo y hacerlo nuevo.
Y estás aquí tan cercano como nunca soñé. Eres un líder como ninguno, las multitudes te aclaman, se regocijan a tu paso y con verdadero fervor extienden las ramas a tu paso mientras comentan sobre tí que eres el rey, el que viene a salvarnos.
Tú pasas mirando a todos silente, sonriente, desbordando sosiego y fortaleza, entregando a todos dones inimaginables. Yo también extiendo el olivo y te contemplo… brillas más que el sol de la mañana y espero tu voz Señor, la invitación que anhelo… ¡aquí estoy!
Y pasas y el día acaba… y me quedo sólo en medio del mundo que sigue siendo el mismo. Quiero que cambie, que sea como el día en que llegaste… ¿por qué no fue para siempre? Se que a muchos les pasa lo mismo, sólo llevamos tu recuerdo… ¿a dónde te has ido?
Y de pronto escucho noticias tuyas: que sigues siendo el mismo, que has curado a tantos y tantos, que has hecho maravillas, que a todos entregas fe, esperanza y tu presencia… la alegría de tu presencia y la vida anhelada. ¡Qué alegres van los que te siguen de cerca!.
Y se renueva mi alegría con sólo escuchar tu nombre, con saber el bien que has hecho y sigues haciendo a tantos… y me emociono y quiero ser como tú, uno de los tuyos y cambiar el mundo… como un soldado, como un guerrero, como uno de tus apóstoles.
Y pasan los días y vuelvo a quedarme con las palabras en la boca y con la intención en el corazón… sólo eso, creo que le haces falta al mundo… que nada cambia si no estás, que no puedo hacer nada y me resisto pero no hay alivio… el mundo sigue como siempre.
…
Entonces pienso en tí, en la razón de tus días por aquí, de tus pasos entre nosotros… y en todo lo que sigues haciendo… y creo que eres como un agricultor que va por los campos echando semillas que riegas pendiente según sus necesidades.
…
Señor, se que no has convocado a unos pocos, sino que llamas a todos; por eso entiendo que el cambio que tanto anhelo empieza primero por el individuo, en mí mismo y que sin tí nada puedo. Tú no estás lejos, siempre has sido cercano… ¡qué bacán!