La semana pasada tuve que hacer una gestión en el Banco de la Nación, comprar en una de sus tantas agencias un recibo para realizar un trámite en una institución pública. Hice la cola, que no fue muy larga por lo temprano que era. La cajera, una mujer de unos 45 años, cuyo nombre desconozco, y de saberlo no lo diría tampoco.

El precio del recibo en cuestión es un porcentaje de una Unidad Impositiva Tributaria (UIT), y el precio no ha sido redondeado. Terminé de hacer la compra, me dieron el vuelto y listo, la cajera se puso a conversar con uno de sus compañeros mientras yo contaba los billetes y el sencillo.
Después de sacar mis cuentas, me quedé allí parado durante unos treinta segundos, quizá fueron 45… me la quedé mirando un rato que se hizo largo. De tanto mirarla, la cajera notó que yo seguía allí. Me miró sin decir nada, como preguntando si se me ofrecía algo más. Tampoco yo le dije nada.
La miré y le hice un gesto indicándole que el vuelto estaba incompleto y que lo estaba esperando. Sin pronunciar palabra, la señora no abrió su caja para buscar la moneda que le faltaba a mi vuelto. Lo que hizo fue girar un poco, en una contorsión que a su edad debe implicar un poco de riesgo… -ok, sin burlas-. Giró y agarró su cartera.
Abrió el primer cierre y el segundo, sacó su monedero y de allí la moneda que me faltaba. Los cinco céntimos (S/. 0.05) que yo estaba reclamando. Definitivamente siempre esperaré mi vuelto completo, aún si fuese un céntimo lo que me falte, ya que el Banco Central de Reserva sigue emitiendo y confirmando el valor de esas moneditas.

Otro hecho que me marcó es que sacara la moneda de la cartera con una actitud que ciertamente no corresponde. Ciertamente no esperaba ese comportamiento de una cajera de una institución pública, y cuyos principales funcionarios han dedicado sumo esfuerzo por cambiar y mejorar la imagen del banco.
Aunque pensándolo bien, hay varios -que no son mayoría- que no demuestran un trato por lo menos, cordial… al parecer están sometidos a fuertes presiones que los mantienen en estados alterados a causa del estrés que no es adecuadamente tratado. Pero también hay personas con buen semblante detrás de la ventanilla.
Miré de nuevo a la cajera… le dije gracias, sonreí y me fui. Esas moneditas siguen vigentes.
