Mis recuerdos de la china…

Hoy buscaba tu fotografía -guardo varias de aquel tiempo a pesar de haberme pedido la última vez, que lo rompa todo- para enseñársela a mis nuevos amigos, a los que les he comentado casi todo sobre tí… sobre nosotros.

Para ellos no tienes nombre, porque te conocen como la “China Marrona”.

Recuerdo me contaste que tu primo te fastidiaba por el color de tu piel y te decía “la marrón” y que tú enfurecida reaccionabas como una salvaje; y lo de china… es evidente que es por la forma de tus ojos. Siempre fuiste bella mi “China Marrona”.

Me parece divertida esa extraña y dura manera que tengo para referirme a tí… y es que últimamente lo hago mucho… y no encontré mejores términos para mencionarte, sin sentir ese dolor inútil que me embarga en ocasiones, por temporadas.

… esta es una de ellas.

La psicóloga me ha preguntado varias veces cuánto tiempo ha pasado, y cada vez me duele más responderle que ya son más de diez años los que han pasado desde entonces…

Te extraño… a tí, tu alegría, tu fortaleza, lo extrovertida que eres, tus ganas, tu valentía, tu amor… tu vida; y es extraño que después de tanto tiempo no haya podido olvidarte…

La única razón que encuentro es que ciertamente no he encontrado a nadie para mí, y que estoy solo como nunca imaginé estarlo.

Y que quizá, chinita de mi corazón, no debí rendirme cuando ya no quisiste retomar la relación… cuando te propuse olvidar todo y volver a estar juntos, y respondiste no.

Y quizá también no debí haberte dejado partir cuando meses más tarde llegaste hasta la puerta de mi casa un sábado por la mañana para decirme que querías volver.

Hoy buscaba tu fotografía y la encontré, y junto a ella la carta de puño y letra que dejaste al partir. La leí toda y me sorprendí de hallar en ese papel viejo y arrugado, arrancado de tu cuaderno de escuela y aún con las huellas de tus lágrimas, perfectamente resumida nuestra historia… todo lo que vivimos tú y yo en esos años que no volverán.

Me llené de melancolía y de una impotencia ciega y absurda por querer conocer cómo hubiese sido mi vida, nuestra vida, de haber continuado juntos.

Con tu carta recordé nuestros primeros días allá en Barrios Altos, en la quinta donde quedaba tu casa… cuando un sólo beso de despedida se extendía tanto y tanto que nos sorprendía de pronto el alba y las primeras luces de la mañana nos despertaban de aquel dulcísimo trance…

Volví también a los largos paseos y campamentos en la playa durante el verano, o a los viajes a Canta y Chosica en el invierno; a las fiestas sin fin y a las borracheras inconcientes; a las caminatas por el Centro de Lima, el Jirón de la Unión, la Plaza Italia y la ex Maternidad de Lima, en cuyas gradas sentados esperábamos muertos de frío que te pase la rebeldía y que termine la noche para poder volver a tu casa.

Aún sigo riendo por la cachetada que te dio esa loca que curiosamente llevaba tu mismo nombre, claro que en ese momento fue algo para asustarse…

Y recordé también las salchipapas afrodisíacas… del quiosko entre Cusco y La Mar, ¡cómo olvidarlas! ni al cuarto de pollo de tres soles que nos comíamos con tanto gusto.

¡Fueron tantas experiencias…
tanta alegría,
tantos errores y discusiones…
tanto dolor, tanto amor,
tanta muerte y tanta vida…!

Quizá estoy exagerando, no lo creo… pero ya sabes -imagino- cómo son los recuerdos que tienden a magnificar las historias. Y la nuestra fue magnífica, maravillosa… también creí, como bien lo señalas en tu carta, que lo nuestro sería para siempre.

En el trabajo mis amigos vieron tu foto…

- Esta es la “China Marrona”, les dije.

Lamento exponerte de ese modo…

Uno de ellos, un buen pata que se llevaría recontra bien contigo, me dijo que te llame, que te busque…

- Ya es imposible, murmuré.

Y es algo que me he repetido desde la última vez que te vi tan contenta.

Se ya que nunca voy a poder olvidarte y que será cada vez más difícil vivir sabiendo que pude haber compartido contigo todos mis días y todas mis noches… por el amor que nos tuvimos. Vuelvo a otra de las frases de tu carta: “Siempre te amaré”.

Se ya también -y esto es mi mejor consuelo- que tu camino, lejos del mío, te ha llevado a una vida llena de plenitud y felicidad, lo que de fondo me llena de la esperanza de poder un día también yo, ser feliz.

Te abrazo para siempre. ¡Que seas feliz, muy feliz…!

Adiós mi China Marrona.

4 comentarios

  1. yo dijo:

    12 Febrero 2008 a 4:37 AM

    yo tambien quiero un chino marroooooooon, aunque mas marron que chino

  2. 8 Marzo 2008 a 12:58 PM

    Fui bonito verte de nuevo.

  3. Vani dijo:

    7 Mayo 2008 a 10:32 PM

    Antes qué nada ,me parece muy tierno de tu parte lo qué haz redactado hacerca de está linda historia de amor y juventud , hablas muy respetuoso de ella y como todo un caballero y aunque no lo creas yo se muy bien de quien tu hablas la veo every day.mis saludos bye..

  4. El Náufrago dijo:

    9 Mayo 2008 a 1:27 PM

    …todos los días!!!! y… ¿cómo está?


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