El humo del cigarro aceleró las pulsaciones a más de 80 por minuto, y el resfrío no se rendía en su reducto más molesto: la nariz. El bullicio de las conversaciones, el tráfico, la gente y la música componían el entorno. Fuimos tres amigos… tres amigos desamparados.
El tema fue algo complicado…: “cómo encontrar la felicidad en lo cotidiano de la vida”.
En breves minutos, sentados alrededor de la mesa de un café de paso en Miraflores, luego de exponer algunos detalles personales, estuvimos lanzando toda una serie de teorías sobre la mejor forma de vivir en este tiempo.
”Bien planteadas, las teorías bonitas se hacen vida”.
Vivir el presente con alegría, en el día a día, con un norte noble, claro, reflexionado, decidido, asumido, radicalizado a la máxima expresión. Esa fue la conclusión que planteamos después de gran tiempo; pero la cosa siguió tal y cual llegamos.
Las palabras son viento… y es que en realidad todo lo bueno exige esfuerzo más allá de lo bonito o divertido, exige acciones concretas… aunque eso ya depende de cada uno y de lo que pidan o exija precisamente el día a día…
“Pero siempre con esperanza, a pesar de las circunstancias”
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