Me encanta el verano. Me encanta el amanecer, el color del cielo y sus diferentes tonos de azul cuando el sol llega desde oriente y avanza invencible raspando las cumbres lejanas que se pintan rojas… abrazándolo todo con una ternura y fuerza que evoca lo infinito.
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Me encanta la brisa, el sonido de las olas y el mar que eleva su manto sobre los acantilados verdes salpicados de las flores bañadas de rocío, todo ello dando la bienvenida a la luz tan esperada, al calor y al color de la temporada.
Me encanta el vuelo de las aves y sus cantos, sus trinos, y los delfines que visitan las costas limeñas en alegres grupos… nunca vi a ninguno de estos mamíferos hasta aquella mañana que fui temprano y desde el malecón chorrillano, camino a La Herradura.
Me encanta la gente emocionada que va bajando a la playa con toda la familia, los padres, los hijos, con los amigos… o los enamorados… cargando carpas, tablas, sombrillas, pelotas, paletas, comida, bebida, frutas y helados… sueños e ilusiones… alegría y bronceadores.
Me encantan las mascotas aunque no sea saludable… los perros que corren por la arena y los que se bañan entre las olas con sus dueños, los que juegan con ese disco que se atrapa en el aire, los que persiguen pelotas de tenis y los que ladran poquito.
Me encanta el verano, aunque hayan borrachos y cantinas que están prohibidas. A pesar del fulbito que no juego y del voley que menos; y a pesar de las gordas que se ponen tanga porque son libres de hacerlo, me encanta el verano.
Me encanta el sol y su camino a través del cielo, las nubes que pasan, las aves que pasan, las horas que pasan, el tono del cielo, el mar y sus crestas, los peces, los botes y pescadores, y definitivamente la arena, las arañas de mar, los muymuyes y las estrellas.
Me encanta la tarde y su tranquilo reposo, el brillo del mar, el horizonte lejano y la curvatura del globo terráqueo; los gestos de las gentes que pasan, que se quedan sentadas, que felices se bañan, o que descansan.
Me encanta ver al sol como ocultarse en la amplísima azul sábana que el océano ofrece y al cielo que lo entretiene pintándole mil formas y mil colores para que vaya tranquilo y que regrese, o que deje allí a su fiel reflejo en una luna llena paseando entre palmeras.
Me encanta la noche color cielo marino y las estrellas tiritantes -también las fugaces- en sinfonía celeste con el suave rugido de un mar sereno, mientras yo respiro profundo la vida extasiado por tanta belleza en un sólo y único día.
El verano simplemente, ¡me encanta…!
