El vecino de Chorrillos

El sol ha iluminado desde temprano y la brisa marina refresca esta mañana de domingo, el rumor de las olas y el trino de las aves se unen al azul cielo para alegrar aún más el tranquilo silencio de las calles próximas al malecón. El verano está próximo y días como estos van dejando de ser extraños, pues hasta la pasada semana la primavera ha sido más bien una extensión del invierno. Es domingo, y la Misa de siete ha terminado.

De pronto los gritos desesperados de una mujer rompen la armonía mal descrita líneas arriba. Un vecino de Chorrillos corre con todas sus fuerzas mientras las personas en las calles se detienen en las esquinas y otras se asoman a sus ventanas y balcones. La mujer yace en el suelo confundida, con el rostro desencajado, la blusa y uñas rotas, impotente ante el asalto del que ha sido víctima.

El vecino de Chorrillos sigue corriendo. Las personas en las esquinas siguen su camino, y los de ventanas y balcones vuelven a la tranquilidad de sus hogares, pero todos llevan consigo la escena violenta de la que han sido testigos para comentarlo más tarde. ¿Quién era la mujer? Nadie sabe. Ya puesta de pie la mujer sólo se fue, quizá llorando, convertida en un caso más, en un número más. En estadística nula, porque no hará denuncia alguna.

El vecino de Chorrillos que estuvo corriendo se detiene en algún lugar, nadie sabe dónde. Casi no está agitado. Está acostumbrado a los piques cortos como los atletas de cien metros, como los delanteros de equipos de fútbol que juegan al contragolpe, tipo Romario. Con una cartera en sus manos no le importa si algún desubicado le grita maricón -en realidad nadie se atevería a hacerlo-. El vecino de Chorrillos es un ladrón y tiene amigos.

Sus amigos son otros como él, son sus compinches y también corren. En diferentes circunstancias y en sitios ya conocidos por muchos en Chorrilos, se dedican en fechas clave a arrebatar carteras, billeteras, celulares, bolsos, bicicletas, autos, autopartes. Es terrible para todos y una lástima que las autoridades hagan tan mínimo esfuerzo por solucionar o aliviar este problema, al menos es lo que se percibe.

Los vecinos de Chorrillos

En tanto, el vecino de Chorrillos podrá seguir ganándose el pan de cada día -o la droga que lo consume- con el sudor de la frente de mujeres indefensas, incluso de ancianas. Y si nuestro vecino está en grupo, con el de hombres distraídos, que pueden o no ser chorrillanos porque también podrían ser turistas las víctimas de sus detestables actos. ¿Hasta cuándo Chorrillos, hasta cuándo…? Esto ya es grave. Que no se ponga peor.

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