La ciudad y los perros… en combi

Todas los días paseo a mi perro y todos los días y algunas noches mi perro busca un árbol o un arbusto para, luego de toda una ceremonia, levantar su pata y además de hacer sus necesidades, marcar su territorio. Luego de ello mi perro avanza unos centímetros y con las patitas traseras lanza tierra sobre lo que allí deja… su pichi, su caca.

Esta noche vi al chofer de una combi, como a muchos otros choferes y cobradores de muchas otras combis en muchas otras noches, bajarse del vehículo fuera de servicio y orinar sin pudor en la pista… a vista e impotencia de los transeúntes y vecinos. Mientras orinaba, le gritaba a un colega suyo no se qué cosa y reía a carcajadas. Quizá una broma.

Terminó, se acomodó el pantalón y se marchó. En ningún momento lo vi tratando de enterrar sus fluídos, sólo se fue. Y allí quedó la marca en el mismo lugar que utiliza como primer paradero, el sitio al cual volverá más tarde o quizá mañana para continuar su noble labor de recoger y transportar personas… y para orinar nuevamente, es fijo.

El colmo del asunto es que frente a ese lugar hay un grifo -cada tres cuadras hay un grifo- una estación de servicios que es más que seguro cuenta con un baño. Alguna vez lo he pedido prestado sin problema. ¿Por qué no lo usa? En aquella amplia avenida chorrillana es común sentir lo olores propios de una letrina.

Y así pues esta es otra queja a las muchas que generan estos señores en llantas, bestias en las pistas. Esta vez no le dije nada al sujeto y continué mi camino, en una combi.

Por si acaso, las caquitas de mi perro se embolsan y lanzan al tacho. ¿Quién hará lo mismo con lo que dejan el chofer o su cobrador?

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